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Un tema dominó los discursos en el Foro Económico de Davos, celebrado a fines de enero: el aumento de las tensiones geopolíticas y el debilitamiento del multilateralismo. Los mismos fantasmas rondaron la COP30, en Brasil, en noviembre de 2025.
El 21º Informe de Riesgos Globales confirmó los “enfrentamientos geoeconómicos” como el mayor riesgo global a corto plazo (en los próximos dos años). En el largo plazo (próximos diez años), la crisis climática domina la lista: las “condiciones climáticas extremas” aparecen como el mayor riesgo y la “pérdida de biodiversidad y el colapso de los ecosistemas” como el segundo.
En este contexto, el presidente de la COP30, André Corrêa do Lago –quien continúa al frente de las negociaciones climáticas internacionales hasta el inicio de la COP31–, publicó una nueva carta dirigida a la comunidad internacional.
Corrêa do Lago afirma que “la urgencia climática no esperará a que las condiciones políticas y socioeconómicas se vuelvan ideales” y da un paso más al sugerir que se debe “avanzar hacia un multilateralismo en dos niveles”.
El texto señala que “la COP30 puso de relieve los límites del multilateralismo climático y de la toma de decisiones por consenso”. El presidente mencionó a la divinidad de las religiones africanas, Ogum, señor del hierro y del fuego, para decir que en los momentos de transición el hierro debe ir “a la forja”. Pero, ¿cuál es la maleabilidad del sistema que propone Corrêa do Lago?
El presidente dijo que detallará planes sobre el tema en las próximas cartas y destaca algunas acciones de la presidencia. Afirma que “aunque el sistema multilateral aún no estaba plenamente preparado para acoger formalmente” un debate sobre la dependencia de los combustibles fósiles, la presidencia brasileña asumió la tarea de desarrollar hojas de ruta con ese objetivo.
Un grupo de 114 organizaciones de la sociedad civil publicó una carta abierta expresando su reconocimiento por la iniciativa y pidiendo que no sea “otro documento destinado a acumular polvo”.
Corrêa do Lago también escribió en la carta que la Presidencia está comprometida a apoyar a la Presidencia entrante de la COP31 para “elevar aún más la Agenda de Acción”.
En Brasil, el próximo domingo 8 de febrero se cierra el plazo dado por el presidente Lula a equipos de cuatro ministerios (Minas y Energía, Hacienda, Medio Ambiente y Cambio Climático y Casa Civil) para la elaboración de una propuesta de hoja de ruta con miras a la reducción de la dependencia de los combustibles fósiles en el país.
Con la propuesta de un segundo nivel en el multilateralismo, el trabajo en las hojas de ruta y el ejemplo de comenzar a construir su propio plan para alejarse de los combustibles fósiles, Brasil da pasos en el terreno –aún inestable – de una nueva gobernanza climática. En este momento de tensión, queda por ver cómo se moverán los países.
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